notícia descriptiva: EL ESCÁNER. PUBLICIDAD Y CIENCIA
Article publicat al diari El Mundo el dijous, 03 de Octubre de 1996 per Gonzalo Casino:



El escáner Publicidad y ciencia
GONZALO CASINO


La utilización en el lenguaje coloquial de términos médicos es quizá el mejor síntoma de que la cultura médica está llegando a la gente de la calle, de que el profano empieza a sentirse familiarizado con algunos arcanos médicos y de que, en fin, la educación sanitaria de la población pudiera estar mejorando. Los palabros médicos se convierten sencillamente en palabras corrientes cuando una pegadiza canción caribeña habla de la bilirrubina o cuando un grupo musical se pone un nombre tan inusual como «Diabéticas aceleradas». Nombrar un concepto médico no implica necesariamente su comprensión ni su correcto uso, pero al menos revela cierto contacto con el término. Salpimentar una conversación de palabras como laparoscopia, amniocentesis, proteinuria, insulina, estrógenos y tantas otras que empiezan a ser moneda corriente es, sin duda, un primer paso para la extensión de la cultura médica. En muchos casos, su uso no es del todo apropiado y quizá, toda esta marea de terminología médica inundando el lenguaje vulgar no sea sino un puro espejismo o un síntoma de entronización de la medicina y de divinización de su poder. El asunto es si cabe más revelador cuando esta terminología científica salta al campo de la publicidad y los conceptos médicos se transmutan en símbolos al servicio del márketing. El fenómeno no es nuevo y puede observarse en anuncios de todo tipo de objetos de consumo. Sin embargo, lo que también se observa con frecuencia es cómo el uso de esos términos muestra el más absoluto desconocimiento científico..Por ilustrar el tema con algún ejemplo, en los últimos días viene apareciendo en la Prensa un anuncio de un coche diesel de la marca BMW con un leyenda que reza: «Hasta ahora los diesel motivaban impulsos puramente cerebrales», pero el coche en cuestión «provocará grandes mutaciones». Todo ello viene ilustrado con un escáner de la cabeza, coloreado y manipulado, en el que se ve un corazón instalado en el cerebro. Y dice el anuncio: «No se alarme si nota palpitaciones en su cabeza. Sencillamente es que las emociones han ocupado el lugar de su cerebro». El recurso publicitario no puede ser más burdo, caduco y trasnochado al plantear que es el corazón y no el propio cerebro la sede de las emociones, y yerra al plantear una dicotomía entre decisiones racionales y emocionales, cuando la neurociencia tiene ya más que asumido que razón y emoción están íntimamente unidas en el cerebro. Para ser respetuosos con el saber científico, más que hablar de decisiones racionales y decisiones emocionales, habría que referirse a decisiones inteligentes, pues la emoción siempre está cargada de razón y las decisiones consideradas racionales no son ajenas a la emoción. Tratándose del anuncio de un coche, quizá toda esta disección terminológica esté de más, pero lo cierto es que los anuncios de otros productos, como los adelgazantes o las cremas milagrosas, con la coartada de que al no ser medicamentos no han de demostrar su seguridad y eficacia, están plagados de terminología pseudocientífica y disparatada.

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